Death
jueves, 20 de septiembre de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
Ese sabor agridulce de las despedidas abruptas. El hecho de no poder gritar "te quiero" cada vez que nos vemos. Saber que deberia importarme que todo este en contra y sin embargo no ser capaz de detenerme. El haberme hecho adicta a tus besos. De necesitarte a cada segundo. Saber que todo en lo que creia carece de valor y solo tiene trascendencia el momento en que me miras. Que el miedo se deshaga en tus abrazos. Que tiembles cuando te susurro al oido y temblar yo a su vez. Es todo. Lo unico que importa ahora eres tu. Mi pequeño rayo de luz.
sábado, 25 de febrero de 2012
Estoy jodidamente enamorada de ti. Y estoy hasta los cojones de callarmelo. Estoy harta de guardarme las cosas, y que no lo admitas delante de mi, porque me duele, ¿sabes? No se que mas hacer. Y me debes una cosa para estar en paz. Espero que lo tengas en cuenta. Aunque no me extrañaria que se tevolvidase.
domingo, 12 de febrero de 2012
"¡Mientes! ¡Mientes! ¡Mientes! Todas dais falsas ideas convencionales, porque el amor es. Y no hay nada en absoluto que puedas hacer para que desaparezca. Es el punto más alto y una vez que estás ahí arriba, mirando hacia abajo a los demás,. sientes que vas a estar ahí siempre. Porque si te movieses te caerías, te caerías, te caerías". SI, esto va para ti. Sé que hace mucho que no te escribo nada, pero es lo que hay.
sábado, 4 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Me siento vacía. Es como si no te importara. Te miro, te hablo... Y solo consigo reacciones que me hacen daño por tu parte. Ya casi nunca hablamos de nada y cuando estamos juntas es simplemente para hablar del tiempo, y a veces ni eso. ¿Será solo una racha? ¿Será que no eras quien yo creía? O que mis peores presentimientos se confirman y nunca te importé, ni siquiera como amiga y ya te has aburrido de mí. Lo único que tengo seguro es que yo te echo de menos cada día más. Que me mata esta situacion. Así que, si en alguna parte está esa chica con la que lo llegué a compartir todo, por favor, le pido que vuelva.
sábado, 28 de enero de 2012
Cicatrices
¿Qué que me pasa?
No estoy enfadada, no estoy triste.
Quizá sea simplemente que me eres indiferente. Que ya no eres esa herida en lo más profundo de mí de la que brotaba la cálida y espesa sangre a borbotones. Cuando cada gota dolía como si un hierro candente estuviese permanentemente adherido a mi piel y la temperatura no disminuyera.
Ahora es la calma apacible que provoca el hecho de que seas una cicatriz. Ahora el dolor es constante, algo a lo que acostumbrarse hasta hacerlo más soportable.
Pero el problema de las cicatrices es que son indelebles. Están ahí arraigadas y no se pueden borrar aun con el paso del tiempo.
El problema es precisamente ese, que te has hecho algo duradero en mi vida, y ya no me resulta fácil ignorarlo.
Y no sé como manejarlo. No sé que hacer, porque nunca imaginé que cuando esto cicatrizara, el dolor constante superaría con creces la dolencia anterior.
Pero claro, nunca te podré decir que eres esa marca grabada en mi piel.
Nunca podré admitir que te has ganado a pulso el hecho de ocupar cada uno de mis sueños y pesadillas.
Y nunca podré mirarte a los ojos, ser tan valiente como tu y reclamar un beso de tus labios como mío.
Porque perdí ese derecho cuando me enamoré de ti. Y ahora ya todo se basa en formalismos. En una cortesía tan fría como tu piel antes de abrazarte durante la noche.
Todo se rompió. Digamos que mi herida fue obligada a cauterizarse a marchas forzadas por causas ajenas.
Digamos que fui obligada a curarme de ti a base de cosas que yo no habría elegido.
Y ya no somos las mismas. Tú también has cambiado. Aunque no lo notes, no seas consciente, o lo hayas hecho adrede. Quizá haya sido lo mejor según tú.
Pero después de todo esto siguen lloviendo sobre mí las preguntas sobre mi estado de ánimo. ¿De veras son necesarias?
Es simplemente la lucha de una cicatriz que se ha formado y trata de contener un torrente de sentimientos que antes me desangraba.
No sé si dedicar lo que me queda de entrada a mencionar que cuando trato de superar mi adicción, lo hago con las personas menos indicadas. Y que en esos casos me molesta hasta una llamada de teléfono.
No, supongo que para eso usaré mi próximo vómito de paranoias mentales.
Así que concluyo mi alegato diciendo que ya no sé que me duele.
Si el hecho de que no me hieras como antes, o precisamente que hecho de menos aquel tiempo en el que te importaba tanto como para hacerme daño.
Quizá nuestras mutuas indiferencias son tan afiladas como el filo de un puñal y se me clavan en el alma, tan certeras como un fragmento de hielo que me quema por dentro.
Quizá simplemente te echo de menos, o simplemente no quiero echarte de menos. O echo de menos las ganas de echarte de menos.
O tal vez lo que me suceda es que estoy perdida y ya no sé cuantos puntos de sutura le he dado a mi corazón y a mi mente.
Quizá solo me haga falta salir a la superficie para respirar.
No estoy enfadada, no estoy triste.
Quizá sea simplemente que me eres indiferente. Que ya no eres esa herida en lo más profundo de mí de la que brotaba la cálida y espesa sangre a borbotones. Cuando cada gota dolía como si un hierro candente estuviese permanentemente adherido a mi piel y la temperatura no disminuyera.
Ahora es la calma apacible que provoca el hecho de que seas una cicatriz. Ahora el dolor es constante, algo a lo que acostumbrarse hasta hacerlo más soportable.
Pero el problema de las cicatrices es que son indelebles. Están ahí arraigadas y no se pueden borrar aun con el paso del tiempo.
El problema es precisamente ese, que te has hecho algo duradero en mi vida, y ya no me resulta fácil ignorarlo.
Y no sé como manejarlo. No sé que hacer, porque nunca imaginé que cuando esto cicatrizara, el dolor constante superaría con creces la dolencia anterior.
Pero claro, nunca te podré decir que eres esa marca grabada en mi piel.
Nunca podré admitir que te has ganado a pulso el hecho de ocupar cada uno de mis sueños y pesadillas.
Y nunca podré mirarte a los ojos, ser tan valiente como tu y reclamar un beso de tus labios como mío.
Porque perdí ese derecho cuando me enamoré de ti. Y ahora ya todo se basa en formalismos. En una cortesía tan fría como tu piel antes de abrazarte durante la noche.
Todo se rompió. Digamos que mi herida fue obligada a cauterizarse a marchas forzadas por causas ajenas.
Digamos que fui obligada a curarme de ti a base de cosas que yo no habría elegido.
Y ya no somos las mismas. Tú también has cambiado. Aunque no lo notes, no seas consciente, o lo hayas hecho adrede. Quizá haya sido lo mejor según tú.
Pero después de todo esto siguen lloviendo sobre mí las preguntas sobre mi estado de ánimo. ¿De veras son necesarias?
Es simplemente la lucha de una cicatriz que se ha formado y trata de contener un torrente de sentimientos que antes me desangraba.
No sé si dedicar lo que me queda de entrada a mencionar que cuando trato de superar mi adicción, lo hago con las personas menos indicadas. Y que en esos casos me molesta hasta una llamada de teléfono.
No, supongo que para eso usaré mi próximo vómito de paranoias mentales.
Así que concluyo mi alegato diciendo que ya no sé que me duele.
Si el hecho de que no me hieras como antes, o precisamente que hecho de menos aquel tiempo en el que te importaba tanto como para hacerme daño.
Quizá nuestras mutuas indiferencias son tan afiladas como el filo de un puñal y se me clavan en el alma, tan certeras como un fragmento de hielo que me quema por dentro.
Quizá simplemente te echo de menos, o simplemente no quiero echarte de menos. O echo de menos las ganas de echarte de menos.
O tal vez lo que me suceda es que estoy perdida y ya no sé cuantos puntos de sutura le he dado a mi corazón y a mi mente.
Quizá solo me haga falta salir a la superficie para respirar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)