Había pasado el verano, y con él los ratos a solas y las largas tardes en su compañía. Aquellos momentos robados del mismo Edén a veces. O eso le parecía a ella.
Por supuesto aquella felicidad era compartida solo a medias por Elisa. Para ella solamente era una amiga más. Quizá más o menos buena, pero amiga al fin y al cabo.
Sin querer, sin poder evitarlo se dejó llevar para rememorar la estación veraniega…
UN VERANO COMO NINGUNO:
Las calificaciones no habían salido como esperaba. En realidad, nadie se lo podía imaginar. Aunque Sandra tenía una ligera idea de lo que se avecinaba cuando había dejado de asistir a las clases y se había ausentado a los exámenes finales. Era inevitable.
Ella misma había llevado a la espada de Damocles a pender sobre su propia cabeza.
Lo había hecho con plena conciencia de que no iba a sacar nada bueno, pero aun así no había podido evitarlo.
Los últimos días de clase la estaban asfixiando. Se sentía atrapada entre las paredes de aquella cárcel que la hacían recordar día tras día que se encontraba bajo el mismo techo que ella.
Y a pesar de todo no había dejado de asistir a la única clase que compartían, como si de algo vital se tratase.
A veces pensaba que solo se levantaba de la cama para asistir a esa hora semanal.
Y no podía reprochárselo. Nunca se paraba a pensar en lo bueno o malo de sus acciones cuando ella estaba de por medio. Se volvía loca si lo hacía. Tenía la impresión de que a veces su personalidad se veía eclipsada con la voluntad de esa chica.
Y lo peor es que Elisa no era consciente de esto.
Daba igual lo que hiciese.
Ella siempre tendría sus ojos puestos en algún hombre. Y eso era algo con lo que había aprendido a vivir.
Desde que recordaba, desde que la había conocido más precisamente, siempre había algún hombre ocupando su mente.
Y al principio se le hacía un mundo este hecho. Aunque luego, con el tiempo había aprendido a sobrellevarlo.
Además estaba el hecho de que todos los chicos en los que se había fijado, por unos motivos u otros acababan haciendo una sólida amistad con ella.
Obviamente, había elaborado una teoría al respecto.
Siempre había sido una persona celosa. Bueno, no realmente. Explicar esto era algo muy complicado. No se podían considerar exactamente celos, sino más bien… Preocupación.
Cuando veía a Elisa con un chico, lo único que podía pensar era que él le haría daño. Eso la llevaba automáticamente a un conflicto interior dado que, tenía que llevar el peso de la creciente aversión hacía el muchacho en cuestión a la vez que la amistad que a veces llegaba a trabar.
Y eso era algo que la iba estrangulando.
Y ni por esas había dejado de acudir a su lado en aquellas clases.
Lo que le pasaba con ella era algo que no le había pasado nunca con nadie. Podía pasar de la más pura euforia a lo más bajo en la escala del estado anímico en apenas unos minutos.
Y casi siempre dependía del estado de ánimo, las reacciones o los sentimientos de Elisa.
Pero al recibir su carta con las notas, había tomado plena conciencia de que todo estaba a punto de cambiar. De que ella podía separarse de su lado para siempre.
Por eso mismo no se planteó la opción de repetir curso ni por un segundo.
Nunca le había llamado la atención estudiar, pero se hizo la promesa interior de que lo sacaría adelante, por Elisa y por sí misma.
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