miércoles, 4 de mayo de 2011

Resurreccion

Cuando llevas demasiado tiempo sin escribir, como yo en este caso, cuando vuelves descubres que te has dejado demasiadas cosas en un tintero que además pensaste que nunca abandonarías. Así que voy a tratar de exponer todo lo que quiero de manera que no tenga que hincharme a subir entradas (lo cual seria tedioso y aburrido, a mi parecer).

Bueno, últimamente me han pasado un montón de cosas. La mayoría de ellas te las he contado al pie de la letra. Pero sigo teniendo la impresión de que si dejé de escribir aquí era porque siempre me guardaba para mí las sensaciones que cada cosa que me sucede deja en mi mente. Que nunca expreso con claridad lo que claman mis sentimientos.

Y eso no está bien. Porque después la frustración toma las riendas de mis actos y acabo haciendo tonterías. Como por ejemplo dejar de escribir. Pero, ¿a quien pretendo engañar?
Yo no puedo dejar de escribir. Vivo por y para ello. Es lo que más me gusta en esta vida, y en la siguiente si es que la hay. Cuando escribo soy yo misma. Presumo de dominar cada palabra, cuidar hasta la más mínima expresión.

Cuando escribo soy invencible. Confío en mí misma y sé que soy capaz de crear cosas que transmitan emociones. Porque escribir lo es todo para mí.
Pero vamos a dejarnos de rodeos. Guau, nunca he alargado tanto un preludio.
Sí, no debería extenderme más.

Llevo unos días en los que me vuelvo a encontrar totalmente perdida. He encontrado cosas que hasta ahora solo había imaginado. He experimentado más allá de lo que comprendían mis planes más inmediatos. Pero aún así esto no me es suficiente.
Porque tengo la impresión de estar madurando. Y no de la forma en que yo quisiera.

Por eso estoy asustada. Me he perdido. Ya no soy la misma que era. Ahora soy algo de lo que he renegado siempre.
Y no quiero. Quiero oír esas palabras que redimirán mi alma, mi esencia. Quiero oír como alguien dice que no lo haga. Como me lo pide.
Sé que seguiría esas palabras como un trago de agua en medio de un desierto.

Pero al fin y al cabo ahí es donde estoy. En mitad de un enorme desierto emocional. Acuciada por el tormento de la sed de un privilegio que se me niega una vez tras otra.
Sola en la devastadora extensión de mi cerebro confuso y amedrentado.

Pero no consigo escuchar eso que deseo. Porque en su lugar habla el orgullo. O el desinterés. O quizá la ignorancia por las causas ajenas. ¿Quién sabe? Así que solo me queda lanzarme a ese vacío que se abre ante mis ojos sin saber siquiera si habrá una red debajo. Y teniendo que lamentar errores a posteriori.

Porque sé que lo sentiré. Y la culpa se cernirá sobre mí. Pero no habré podido evitarlo. Porque de mis sueños nadie es consciente. Porque nadie se da cuenta de cómo soy en realidad. Así que volveré a hundirme en la desesperanza atenta a cualquier indicio que me haga pensar que aún hay alguien que puede salvarme.

Bueno, eso por un lado.

Ahora voy a lanzar mis palabras en defensa de una causa que no concierne a mucha gente de mi entorno. Quiero dejar bien claro que mi orgullo está por encima de los prejuicios de cualquier individuo ignorante y soberbio. De un deleznable e insolente despojo de una sociedad podrida hasta las entrañas. ¿Pero qué otra cosa esperar?

Cada día podemos ver casos similares en casi cualquier parte. Supongo que no es un problema que despierte el interés general. Pues peor para ellos. Yo no tengo miedo, es más, me alegro de saber que hay gente así por el mundo. Porque una vez que estemos en el Infierno reunidos, habrá que haberse asegurado de hacer algún amigo. Y yo estaré deseando ofrecerles mi amistosa mano sin rencor alguno.

Para estrangularlos con el veneno de su lengua y el ácido de sus acciones y sus ideologías inhumanas.

Supongo que eso es todo.
Bueno, se me olvida decir que sigo sin poder sacarme de la cabeza una idea. Y no sé si es que soy masoquista o es que me he ido a fijar en algo de lo que es imposible olvidarse.
Debería decidirme. En fin, ahora sí.

Me alegro de haber vuelto ;)

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