lunes, 11 de julio de 2011

Fangtasia

La chica andaba sin rumbo, perdida en sus pensamientos y sin prestar la menor atencion al destino al que la llevaban sus pasos.
Sin darse cuenta acabo frente a un local del que salia una musica que la atrajo como si de un iman se tratase.

Cuando entro a aquel bar de ambiente, no lo hizo porque se sintiese especialmente lesbiana. De hecho no lo hizo por ningun motivo en concreto. Quiza se sintiese sola, porque lo que si tenia claro es que no tenia ganas de ligar con nadie.

Abrio la puerta y noto que un par de mujeres se giraban a mirarla. Pero eso no la hizo sentir incomoda. Se quito las gafas de sol y lanzo una mirada desafiante en torno suyo. Se apoyo en la barra y con tono firme pidio una cerveza, con la que esperaba ahogar el nudo que llevaba desde hace dias en el estomago.

Se vio a si misma mirar a las mujeres que bailaban en la pista, mover sus cuerpos de manera casi obscena, mientras las miradas lascivas parecian estar a la orden del dia. Se respiraba sensualidad, pero la joven no estaba para detenerse a pensar en si eso le gustaba en aquel momento.

Le pego un par de tragos largos a su bebida y de repente sintio una mirada que la atravesaba desde el otro lado de la estancia.
Una femina se acerco con paso decidido. Atraveso el local como si solamente existiera ella. Incluso las demas mujeres se apartaban a su paso, como si no quisieran interponerse en su camino.

La chica admiro el suave contoneo de caderas de esa mujer.
Se planto delante de ella y le sonrio, con descaro. Aunque la diferencia de edad era mas que evidente, bajo esa capa de residuos evocantes de una vida llena de excesos, se adivinaba un rostro francamente hermoso.
Pero de igual modo, seguia sin verse interesada en esa reina de la selva que tenia delante.

-Hola, pequeña, ¿como te llamas y que haces aqui tan sola? No tienes pinta de cliente habitual.- Su risa se oia como una sucesion de notas musicales que en un principio la chica no supo cuadrar con el tono aspero que esperaba oir.

-¿Y a quien le importa eso? Mi nombre no te contara mi historia, y yo no estoy segura de querer hacerlo.- Lapido la chica.

-Vaya, parece que sabes defenderte. Eso no esta mal, para alguien de tu edad. Acabas de decir que tu nombre no me contara tu historia, pero me ayudara a entablar una conversacion contigo sin considerarte una desconocida. Y eso ya es algo.- Por un instante esa sonrisa descarada se suavizo en un gesto de dulzura que desconcerto a la muchacha. Pero cuando se fijo mejor, la arrogancia volvia a hacer acto de presencia en los rasgos de su interlocutora.

La chica solto una risa amarga.

-A veces es mejor no conocer a las personas. Si hoy salgo de aqui sin saber tu nombre, a que te dedicas, o cual es tu mayor sueño por cumplir en un futuro, hay muchas menos posibilidades de que nos veamos de nuevo, y a la larga, alguna de las dos pueda hacerle daño a la otra.- Afirmo la muchacha con la vista fija en su botella.

-¿Y que te hace pensar que una chica como tu podria hacerle daño a alguien como yo? He vivido bastante mas que tu, creo que al contrario de lo que piensas, podria enseñarte muchas cosas.- Su tono habia pasado de la incredulidad a la prepotencia, pero eso no molesto a la adolescente, mas bien lo encontro divertido.

-Hagamos un trato, yo te digo mi nombre y tu me das una razon de por que estas aqui hablando conmigo. ¿Te parece bien?.- Ambas se sostuvieron la mirada con una mezcla de diversion y desafio.

-Pues claro.

-Mi nombre es Rebecca. No hay abreviatura ni mote. Los hubo hace un tiempo. Pero las personas que los usaban y a los que yo llamaba amigos, desaparecieron al igual que las palabras. Podriamos decir que se los llevo el viento.- Cuando guardo silencio, noto que el nudo se acentuaba, y se apresuro a remojarlo de nuevo.

-Veo que te hace falta otra.- Observo la mujer, alzando una ceja.- Ponga dos de Ginebra por aqui.

Rebecca la miro con sorpresa.

-Apenas me acabo de presentar y ya tratas de emborracharme, no pierdes el tiempo.- Susurro.

Una risotada acompaño el final de su frase.

-Yo no trato de emborracharte. Si no quieres aceptar mi invitacion no estas obligada a hacerlo.- Se burlo aquella extraña, que comenzaba a resultarle exotica a la joven.

-Aun no me has dicho por que estas aqui hablando conmigo. Seguro que esas chicas de la pista de baile te echan de menos. Parece que les han soldado del cuello para que solo puedan mirarte a ti. ¿Las has hipnotizado?.- Ironizo Rebecca.

-Quien sabe. Puede ser que te miren a ti. No me extrañaria. Llamas la atencion. Por tu forma de entrar aqui cualquier persona diria que eres la tipica chica que va buscando emociones fuertes. Vistes de manera agresiva y te comportas con mas agresividad aun. Si, probablemente la mayoria de la clientela ha pensado que venias aqui como un cazador en busca de un trofeo del que presumir. Y sin embargo te sientas y te quedas mirando tu botella absorta en tus pensamientos. Casi como si tuvieras un principio de autismo. Sin prestarle ninguna atencion a todas estas guarras a las que solo les faltaba tirarte su ropa interior con el numero de telefono escrito a permanente. Eso me lleva a pensar que toda tu fiereza, asi como esa austeridad en tu mirada son dos pilares esenciales de una mascara con la que pretendes esconderte del mundo. O lo que es lo mismo: Una fachada. No eres mas que una fortaleza que trata de sostenerse para protegerte del mundo. Por eso me has llamado la atencion, y estoy aqui hablando contigo.

Despues de toda esa parrafada, Rebecca se habia quedado casi sin respiracion. Parecia mentira que una mujer como aquella la hubiese calado casi al minuto de conocerla. Se sentia desnuda, y vulnerable. Trato de reponerse. Miro a aquel proyecto de detective a la cara. Desde que la habia visto, sus formas, suaves pero precisas, sus curvas, exhuberantes pero no exageradas y ese andar tan elastico y seguro le habian recordado a un felino. Parecia una tigresa en mitad de un monton de gatas en celo. Por eso llamaba la atencion.

Lo que mas le impactaba, es que esa tigresa, con andares de reina y con todo el bar a sus pies, se hubiese parado a desentrañar la mente de una adolescente como ella. Eso le gusto. Aunque no dio señales de ello.

-Parece que Sherlock Holmes se equivoco al escoger ayudante. Me quito el sombrero, señorita...

-Caitlin. Me llaman Caitlin. Puedes llamarme Cat.

-Muy acertado.- Murmuro para si Rebecca.

Despues de esto, Caitlin sometio a Rebecca a un pequeño examen que la chica aguanto sin inmutarse, ni siquiera bajo la mirada. Cat parecio satisfecha, porque sonrio.

-Y dime, Rebecca... ¿Tenias algun plan esta noche aparte de intentar morir ahogada en el fondo de una botella de cerveza?.- Pregunto la mujer, sin pretender una insinuacion, pero derramando sensualidad por cada poro de su piel.

Una media sonrisa adorno el rostro de la aludida.

-Mis planes han cambiado. Ahora se trata de hacerlo ahogada en el fondo de un vaso de Ginebra.- Ambas rieron.- Perdona.- Se excuso-. Supongo que no tengo ningun plan mejor que estar aqui.

Caitlin parecio pensarlo un segundo.

-Quiza yo pueda hacerte cambiar de opinion, Beck.

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