jueves, 21 de abril de 2011

Disertación.

Hoy me he dado cuenta de que hay más gente como yo.
Que no soy la única que se muere de ansiedad esperando un mensaje privado delante de la pantalla de su ordenador, sabiendo que en ese mensaje no va a haber ninguna palabra que tú quieras oír. Que sufra en silencio lo amargo de un amor no correspondido, sin poder evitar querer ayudar a la otra persona a hacer su vida en común con una tercera, que a ti ni te va ni te viene.
Hoy he descubierto también, que mis conocimientos de música son más amplios de lo que pensaba.
Además, he hecho las paces con una chica con la que mantenía una disputa milenaria.
Y eso no es todo, he sido testigo de un acto al que merece la pena ponerle un monumento.
Hoy ha sido un día de lo más completo, en mi opinión.
También ha habido cosas malas, por supuesto.
Pero eso ya no tiene cabida en este espacio.

Porque ya no habrá mas historias de corazones rotos, que luego puedan malinterpretar las personas. Ya he escrito el final para mi cuento sin hadas.
La Bella ha muerto a manos de la Bestia.
Y no existe cura para la droga del Dr. Jekyll.
Porque toda mi historia se basó en una princesa que ni siquiera había perdido los tacones de cristal en mi escalera.
Porque llegué tarde a recogerla del baile.
Porque no fui yo quién tenía que romper el hechizo con un beso.
Y serán otros los que tengan su respectivo final.

Así que ahora esto se va a llenar de cuestiones filosóficas que no le importan a nadie. Porque total, la gente como yo, que vive de sueños, nunca tendrá un lugar en el mundo de la literatura.
La gente como yo, que vive con su mente en un autobús a ninguna parte jamás llegará a ningún lugar.
La gente como yo, llena de esperanzas infundadas, sin sitio donde esconderlas cuando se rompen... No tiene nada que decirle al mundo.

Bueno, ya me he aburrido de disertar sobre banalidades triviales e intrascendencias.
Me despido.

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